martes, diciembre 24, 2013

(Feliz) Navidad


Felicidad es todo aquello que nos hace recordar que…estamos lejos de casa. Qué tedioso es este día, a demás de la tormenta de anoche que no me dejó dormir, que hizo caer mi scooter y le quebró el manubrio, que dejó a 240.000 personas en este país sin electricidad y nos adornó el cielo con nubes grises y vientos a 140 kilómetros por hora, la añoradísima navidad de mi infancia se ha ido disolviendo. Son a penas las 5:03p.m. (Parecen las 6p.m. por eso del invierno), mi familia debe estar cocinando el almuerzo, juntos, a doce horas de avión de distancia. A veces es más preciso medir la distancia en horas de avión y no en kilómetros, uno se hace más consciente de la lejanía. En mi casa no hay pesebre, ni árbol con estrella luminosa, ni guirnaldas y mucho menos natilla con buñuelo; vivir en otro país hace cambiar las costumbres cotidianas, la dieta, la ropa, el idioma y hasta las fiestas. Donde vivo los árboles de navidad son pinos cortados en los bosques, expulsados de la tierra para perfumar la sala de cientos de franceses que se sienten y se sientan muy a gusto con su familia a cenar cerca de la media noche. Se come  fois gras y no pavo, se espera al Papá Noel  y no al Niño Dios, se habla y no se reza la novena, se prende la chimenea y se cubre el cuerpo con gorros, bufandas y guantes; lo único que se le parece es que se celebra con la familia y se cuentan historias de años atrás. A mí me adopta una familia, porque la mía está muy lejos, las dos familias no se  conocen y nunca han intercambiado una frase porque hablan lenguas diferentes, ambas comparten la nostalgia de tener una hija de 23 años al otro lado del océano, una decoró su casa de verde y rojo, en la otra todo sigue igual. Para no llegar con las manos vacías me ocupé en la tarde haciendo brochetas de frutas cubiertas con chocolate, quería algo que me llevara tiempo y trajera un poco de trópico a la mesa. Mientras fundía el chocolate recordaba esos años en el colegio, cuando vendía chocolates a $200 y a $500 a escondidas de los profesores, el olor del chocolate derretido me llevó a esos años en donde todavía me gustaba la navidad.

Qué aguafiestas, siempre hay alguien que viene con su gota de nostalgia a aburrir a todo el mundo. Qué le vamos a hacer, al fin y al cabo así es que la gente se hace adulta, olvidan las fechas o las celebran con menos entusiasmo, descubren que los reyes magos no caminan sobre el pesebre sino que papá lo avanza día tras días para hacerlos llegar a la cabaña. Sin embargo, aún adultos, nos queda la felicidad infinita de la noche en la que los regalos aparecen de milagro, nadie se  ha muerto de nostalgia, “y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”, recita Joaquín Sabina en mi sala, acompañado de mis dos gatas para quienes tampoco la navidad parece importar. Con ellas, Eva y Lulú, no necesito esconder ni aparentar el regocijo de este veinticuatro, ellas me miran y me piden caricias como si fuera un día cualquiera, al fin y al cabo lo es. Sin preliminares ni maracas alrededor del pesebre, la cena llegará con los regalos antes de las doce.

Todos los días del año, sin excepción, pienso e imagino ese día en el que regresaré con los brazos muy abiertos; hoy, el día en que todas las familias se reúnen felices y se esconden los regalos para mayor sorpresa, es uno de los días más tristes del año, no hay “felicidad que nos hace recordar que la vida es bella” ni que “Diciembre es amor”. Seis horas y se acaba, sin mucho sentido. Feliz Navidad

2 comentarios:

  1. Hijita tienes razón. Cada que escuchamos "felicidad, es algo aquéllo que nos hace recordar, que la vida es bella, que diciembre es Amor..."te recordamos, te añoramos. Yo seré que el calor de la familia y de la Navidad no es igual allá y sé cuánto añoramos tu pesebre, tu árbol, la sorprende de encontrar los regalos como cuando eran niñas. Muy pronto, si Dios quiere, en la próxima Navidad, esperamos qu. Eestés con nosotros. Te adoro hija linda

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  2. Todo es un nuevo aprendizaje. Un veinticuatro menos. También te adoro, mamá.

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